Ingredientes:
Preparación:
Un beso.
Una cosa es copiar y otra aprender de las cosas buenas que hacen los demás. ARZAK
La chirimoya es una de mis frutas favoritas, ya se en helado o en postres.
Con la llegada del buen tiempo, solo apetecen postres de lo más ricos, fresquitos y, sobre todo, ¡que no nos hagan pasar calor en la cocina! Hoy te traigo una propuesta muy especial y diferente: una tarta fría de chirimoya.
La chirimoya es una fruta cremosa, dulce y con un toque tropical irresistible que, convertida en tarta, queda espectacular. Es el postre perfecto para sorprender en cualquier comida familiar o cena con amigos.
Aquí la receta:
Nota: Para lograr un desmoldado perfecto, yo utilizo una tira de papel de acetato alrededor del molde, que puedes conseguir fácilmente en Amazon.
200 gramos de galletas tipo María
1/2 taza de margarina derretida
2 chirimoyas grandes (bien maduras)
200 gramos de queso crema (tipo Philadelphia)
1/2 taza de leche condensada (medida con taza de repostería)
6 hojas de gelatina neutra
200 ml de nata para montar o un paquete de polvo para crema chantilly.
Si te pasa como a mí y no tienes nata en la nevera, puedes sustituirla batiendo el paquete de crema chantilly con 1/2 taza de leche evaporada pura.
Utiliza tazas de medida de repostería .
Añade la margarina derretida y mezcla bien hasta conseguir una textura de arena húmeda.
Vuelca la mezcla en tu molde y presiona firmemente con la ayuda de una cuchara o el fondo de un vaso para que quede una base compacta.
Mete el molde en el congelador 15 minutos.
Monta la nata (o el preparado de chantilly con la leche evaporada) y resérvala en la nevera.
Retira las pepitas y saca la pulpa de las chirimoyas. Lícuala bien hasta obtener un puré fino.
Pon a hidratar las hojas de gelatina en un bol con agua fría durante unos 5 minutos.
Calienta un poco el puré de chirimoya (puede ser en el microondas), añade las hojas de gelatina bien escurridas y remueve enérgicamente para que se disuelvan por completo. Deja templar un poco.
En un bol amplio, bate el queso crema con la leche condensada hasta lograr una mezcla homogénea.
Lleva la tarta al frigorífico y déjala reposar durante un mínimo de 6 horas (lo ideal es prepararla de un día para otro para que la gelatina actúe por completo). Una vez firme, desmolda con cuidado retirando el acetato, decora a tu gusto ¡y a disfrutar!